ENTREVISTA A: ÁLVARO GARCÍA LINERA, ex-vicepresidente de Bolivia

Escrito por el 16 mayo, 2020

“El neoliberalismo se muestra como un proyecto agotado, sin horizontes”

“Jeanine Añez es un virus para Bolivia”

En Argentina hay un plan. Alberto Fernández es un buen ejemplo

La Unión Europea ha sido decepcionante”

 

Sobre el gobierno de Jeanine Áñez

“Bolivia tiene dos epidemias, el coronavirus y el gobierno de facto. “

El coronavirus está poniendo en riesgo la vida de miles de personas y afectando la economía de gente muy humilde. 

El gobierno se está comportando como un virus mortal. Quiere imponer sus decisiones sacando a militares con armas de francotiradores y tanquetas. 

El gobierno de facto está destruyendo la economía no sólo por la pandemia sino por las malas decisiones. Se dejó más de una década de crecimiento económico de 5% promedio. Además han destrozado las empresas estatales y metido a dirigir a funcionarios de empresas privadas, a la competencia. 

Hay escándalos de corrupción e involucramiento con el narcotráfico. Hay avionetas que salen con droga a la vista y paciencia de militares y autoridades regionales y nacionales. 

Hay un ataque a la gente humilde y pobre. No les importa la salud de la gente pobre

Hay un hospital de tercer nivel para ser entregado desde principios de año. Lo cumplimos nosotros como parte de los 14 hospitales nuevos que hicimos con el presidente Evo Morales. Una inversión de poco más de USD 20 millones. Se han pasado meses cambiado los colores de la fachada porque lo asocian con los del partido (MAS) sin entregarlo, pero si a alguien le importara la vida usa ese hospital, qué importan los colores. 

La vida de los pobres para ellos no vale nada. Lo que vale son sus grupos de mafia. 

En Bolivia se encarcela al que hace un meme o el que manda a través de una cadena de WhatsApp una protesta contra el gobierno. 

 

Sobre el coronavirus en Bolivia

La autoridad del Estado de Bolivia es una autoridad coercitiva, no moral. Anterior a la locura de sacar a militares con fusiles de alta precisión, mira telescópica y francotiradores como si con eso fueran a matar al coronavirus. Desfilan con tanquetas. 

El gobierno de facto no tiene un plan. Solo han imitado medidas que se han tomado en otros países de una manera atropellada. Nadie sabe hacia dónde apuntan las cosas. Por qué se está implementando una cosa, cuándo se va a implementar otra.

En Bolivia no hay plan porque no hay un mando. Y cuando no hay un mando que sepa a dónde quiere liderar y tampoco hay autoridad moral para ejercer decisiones, pasa lo que pasa ahora. 

En Bolivia la gente está saliendo a la calle a sus actividades cotidianas de compra y venta. Porque no encuentra un gobierno que diga con claridad a dónde quiere ir. 

 

Sobre Argentina

En qué medida el éxito que pueden tener, entendido en no solamente en cuantos muertos hubo, sino cómo se logró cohesionar a la sociedad para enfrentar un problema común y quienes lo están haciendo exitosamente van a brillar con luz propia a nivel continental. 

No cabe duda de que (Alberto) Fernández es un buen ejemplo. Se ha dedicado a atender el coronavirus en Argentina con una serie de técnicas gubernamentales. formas políticas que han sido exitosas para la cohesión social. Sin que nadie lo postule, eso lo coloca como uno de los grandes líderes del continente. Su mejor credencial es cómo está enfrentando el tema en su propio país. 

Después de que pase la oleada más fuerte de esta pandemia en la región, estos liderazgos que se han ido tamizando puliendo en la adversidad, van a mostrar una gran capacidad de convocatoria y recepción en el resto de países y continentes.

En Argentina hay un uso de las función estatal como autoridad moral frente al colectivo de ciudadanos.

En Argentina hay un plan, un conjunto de propuestas y cronograma. Se consulta a los científicos, a las autoridades regionales. Se toman decisiones. 

 

Sobre las tensiones destructivas en el bloque conservador neoliberal 

La angurria con lo público, de creer que los recursos públicos por naturaleza por privilegio, por conocimiento, por apellido o color de piel deben estar en manos de la gente adinerada. Es una tensión permanente, más sofisticada en algunos países con mayor trayectoria democrática o brutal como el caso de Bolivia. 

En Bolivia se confunde la propiedad de la hacienda con la propiedad del Estado. Esta mirada de aprovecharse, privatizarlo, apropiarse de lo público creo que es la principal debilidad porque eso funciona un rato, cuando se tienen apoyos, cuando las propuestas de izquierda se han derrumbado. Ahí esta mirada privatizadora de lo público, pero cuando del otro lado hay propuestas, acción colectiva.

El neoliberalismo se muestra como un proyecto agotado, sin horizontes. 

Creo que estamos asistiendo a un proceso de cansancio estratégico de las propuestas conservadoras. No digo que las hemos derrotado. Posiblemente se renueven de aquí un tiempo o ya hayan empezado ese proceso, pero las que hemos conocido en América Latina y el mundo solo se mantienen por inercia y necesidad de respiración artificial para prolongarlas. 

Sobre el futuro del rol del Estado

Es difícil decir si es el inicio de una nueva era. Hay varios elementos claves de un nuevo momento de la sociedad, pero yo no me atrevería a ponerle fechas. 

El primer elemento revelador de la actual circunstancia es el reordenamiento de las creencias dominantes. El pasmo del relato neoliberal ha permitido que la gente esté dispuesta a oír otras ideas y sugerencias. 

Todo el mundo apela al Estado. Derechas e izquierdas. No hay una entidad que tenga capacidad organizativa, fuerza cultural y en algunos casos fuerzas morales para cohesionar a las sociedades. El Estado está presente para resolver temas médicos y económicos. 

Estamos viviendo una época muy conflictiva y dependerá de cada circunstancia cómo se irá a distribuir la carga de los costos para la recuperación de la sociedad.

Estamos “agarrando dinero del futuro” pero, ¿quién va a pagar? ¿quién va a ser el valor de ajuste? ¿Las grandes fortunas o los asalariados y la gente humilde?

Eso va a tener que decidirse y va a generar una conflictividad en los siguientes años. Por eso creo que hemos entrado a un período donde habrá una fuerte presencia estatal pero con un panorama muy convulso hasta que se defina un nuevo horizonte. 

Puede darse un retroceso autoritario de un neoliberalismo que apela temporalmente al Estado, como lo ha hecho antes, para arrancar recursos públicos y entregar a los ricos para que no paguen salarios o compren acciones o incluso para contener a los revoltosos y peligrosos. 

La otra opción es un tipo de Estado más social que amplía derechos y participación. Que utiliza el dinero de las generaciones futuras para apuntalar el bienestar de la gente humilde y trabajadora. La presencia de un Estado con carácter social.

Ambas opciones están abiertas y va a depender de las correlaciones de las fuerzas, las luchas que despleguemos o no como sociedad. Es un panorama abierto, con presencia del Estado, con nuevas creencias, con un neoliberalismo que tal como está presenta muchas debilidades y si quiere reflotar tiene que reinventarse en la posibilidad de propuestas más de izquierda, sociales y progresistas. 

 

Sobre la incertidumbre del futuro después del coronavirus

Es terrible que hayan muertes y sufrimiento de por medio, pero la incertidumbre está bien porque nos obliga a construir e inventar el futuro que queremos. 

Los horizontes predefinidos por otros que seguíamos sin preguntar por qué como hormigas detrás del azúcar se acabó. Hay que comenzar a buscar horizontes propios. 

Es un momento muy angustioso y peligroso, pero de gran exigencia a la capacidad creativa humana. 

Ahora se muestra que somos los seres humanos, no extraterrestres, no supernaturales o religiosos los que definen los destinos del mundo. Cuesta asumir que somos los productores de nuestro destino, pero ahora se está dando un momento de choque contra esa realidad pero hay que asumirla con audacia y creatividad. 

Construyamos nuestro destino y hagámoslo de una manera que no nos arrepintamos y la gente no sufra en la que la mayoría de la gente encuentre un bienestar. 

 

Sobre el valor de las cosas

Han surgido cosas durante esta pandemia y la cuarentena como el regreso hacia la gente. Salir a ayudar al que no tiene comida ni dinero, a pesar de poner en riesgo la propia vida. Son explosiones de solidaridad que son muy hermosas, que idealmente no serían solo pequeños destellos fugaces sino todo un sol que ilumine un largo período de la humanidad. 

Hay cosas que también pueden ser potenciadas a la luz de lo que está ocurriendo actualmente. 

Estamos pasando un proceso de revaloración subjetiva personal de las cosas importantes que necesitamos tener para sentirnos alguien. 

Si los Estados progresistas saben aprovechar esto para mostrar que hay otra forma de construir sociedad sin esa desesperación por acumular, por comprar todo lo último que aparece, sería también una revolución cognitiva de los seres humanos. 

Hay indicios de que eso se está dando, pero no sabemos si quedará ahogado y otra vez abrimos la puerta y salimos corriendo a comprar el último modelo del iPhone osi en cambio sabremos valorar lo que había cuando estábamos en cuarentena sin tener porqué sentir una necesidad obligatoria de tener que comprar algo nuevo. 

Hay cosas que pueden alumbrar un horizonte distinto. 

Sobre España 

A Podemos les ha tocado una prueba muy dura. Han tenido que saltar muy rápidamente a la disputa política y discursiva, luego a ser parte del Congreso y luego del gobierno. Todo en cinco años. Y hoy atraviesa la peor crisis sanitaria del planeta de los últimos cien años y la crisis económica del planeta de los últimos setenta años. Semejante prueba de fuego para una agrupación política tan nueva. Ha sido muy duro.

Sobre la Unión Europea

La Unión Europea ha sido decepcionante. La manera en que han dejado a Italia, España, Grecia a que se rasquen con sus propias uñas. ¿Qué comunidad están hablando? Han cerrado fronteras, así que mucho blabla sobre “comunidad” y en la realidad los egoísmos han privado. Los ricos se han atrincherado con lo que tenían, hasta con sus barbijos y respiradores artificiales. 

Eso ha sido un exámen deprimente de la solidaridad y mancomunidad. No sé si irá a cambiar, pero esta prueba es para aplazar a quienes están conduciendo la idea de comunidad en Europa. No hemos visto ninguna comunidad, sino egoísmos nacionales. 

 

Sobre los tiempos que corren

La historia se comprime y suceden cosas trascendentales en los personal, lo social: golpe de Estado, recuperación de parte del progresismo en el continente, pandemia que ha paralizado a la mitad del mundo, crisis económica. 

Parte del síntoma de la época es el estupor que tenemos todos sobre la velocidad la magnitud de los acontecimientos impredecibles. 

 

Sobre cómo pasa la cuarentena

La familia esta bien, mi esposa Claudia y mi hija Alba, todos cumpliendo la cuarentena. 

Hemos comenzado a dar clases en la universidad de forma virtual. 

Alba resiente la cuarentena. Pide ir al parque. 

Mantengo la misma rutina de leer cuatro periódicos diarios a las seis de la mañana. 

Mantenemos contacto regular con el presidente Evo Morales y a la noche hay llamadas para contarnos las cosas que están sucediendo. 

 

TikiTaka con Álvaro García Linera

Plato argentino: pastas con frutos de mar. 

Libro que está leyendo: un texto sobre Foucault. 

Líder o lideresa del siglo XXI: Hugo Chávez, Lula, Kirchner y creo que Alberto Fernández 

Alba: la historia de mi vida y de mis ideas comprimida en un cuerpito humano de tres años. 

Jair Bolsonaro: Patético. Es un regreso al medioevo, al parque jurásico. 

Cristina Fernández: muy lúcida para entender las señales de los tiempos. 

Jeanine Áñez: Un virus para Bolivia. 

Donald Trump: un exabrupto de la historia. 

Papa Francisco: la señal de renovación de una iglesia que estaba anquilosándose.

Bolivia: el inicio y el destino de todo.


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La Pizarra

con Alfredo Serrano Mancilla

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